martes, 9 de septiembre de 2008

Por qué leer?

Leer, toda una aventura magistral, un desafío al universo mismo de significación, un pasaje ilimitado a miles de océanos.
Leer, una compleja actividad, un imbricado acto consciente y voluntario, que demuestra capacidad, inteligencia. Y placer, en el más pleno de los casos.
Leer, como muchos dicen, constituye “una constante búsqueda de sentido”. Es un aprendizaje por el cual nos organizamos tratando de entender, y anticiparnos al mundo[1].
Por esta característica, la lectura es para Goodman, K[2]. “mucho más que un sistema que hay que decodificar; es un proceso destinado a construir el significado de un texto en el que se producen transacciones entre pensamiento y lenguaje”. Otros autores, agregan que se trata de una relación interactiva entre el sujeto lector y el texto. Es decir, supone la implicancia directa del lector, es un juego didáctico y dialéctico. Un gran juego. Y también una gran provocación. ¿O acaso esta frase de Ferdinando Camon[3], no lo supone? Él nos dice: “Quien vive, vive la propia vida. Quien lee, vive en cambio la vida de los otros. Pero como una vida existe en relación con otras vidas, quien no lee no entra en esa relación, y por ende ni siquiera vive la propia vida; la pierda.”
Lejos de la metáfora, es increíble, que con todo lo que tiene a favor, la lectura esté “menospreciada”. Un 43% de los argentinos, leyó menos de un libro en el último año, a pesar que el número de ejemplares impresos aumentó más de 13 millones. ¿A quién miramos, entonces, a la hora de responsabilizar por esta falencia? Algunos apuntan a la escuela, porque hace de la lectura una obligación y los chicos terminan por odiarla, a la televisión, porque se presenta como una alternativa más divertida que la mera acción de leer, a la familia, donde tampoco hay ejemplos concretos de lectores voraces, a la sociedad, que no le da el lugar que corresponde, a las nuevas tecnologías, que en realidad, no es que impiden la lectura, sino que modifican el hábito. Siempre acusamos a terceros por aquellos problemas que tendríamos que resolver en conjunto, cada uno desde su lugar, con su pequeño aporte.
A pesar de todo, de responsabilidades, de vacíos, de desprestigios, es eminente que se lee, al fin, por una necesidad del alma y de la memoria, por la magia milagrosa de abrir un libro y abrir el planeta entero y darle vida.
Y como la lectura es la base de la escritura, traigo a colación, un breve cuento del argentino Pablo de Santis[4], que refleja una escena de la misma:

“Tiene diez años y está en la cama. Por la ventana se escucha el ruido de la lluvia. Le gustaría leer un poco en la cama pero ya es tarde y mañana tiene que ir al colegio. De pronto se acuerda que dejó el libro que estaba leyendo en el piso de la terraza. Era “La isla misteriosa”; de Julio Verne. Es tarde para rescatarlo. Los personajes se quejaban de que no llovía. ¿Querían lluvia? Ahí tienen. Pasan los minutos y no se duerme. La curiosidad puede más que el sueño. Sin hacer ruido sube la escalera y a través de la ventana mira la terraza inundada por la lluvia. Y en medio de la terraza, “La isla misteriosa”, ya convertida en una isla de verdad.

Es que leer, y más aún, leer literatura, hace eso. Hace que todo se congregue ante uno de una manera intempestiva. La lectura, no admite edad, género, ni situación social, ni nada de nada. La lectura de un libro, es más, conduce, lleva a otros tantos, que están expectantes.
La imaginación activa, propicia nuevos y novedosos seres humanos, que se liberan, y se enriquecen posicionándose con una actitud mucho mas valiente ante la realidad, siempre infinitamente parcial.
La clave es que seamos lectores constantes, alborozados y dinámicos. Seamos lectores, lo demás vendrá por añadidura.
[1] Actis, Beatriz. “¿Qué, cómo y para qué leer? Un libro sobre libros, Homo Sapiens, Rosario, 2002.
[2] Actis, Beatriz. “¿Qué, cómo y para qué leer? Un libro sobre libros, Homo Sapiens, Rosario, 2002.
[3] Extraído del artículo “El mejor cuento del mundo”, Pradelli, Angela. Revista Ñ, 19/04/2008
[4] De Santis, Pablo. “Historias de cinco lectores”, Revista Ñ, 19/04/2008



Para seguir, uno que es para grandes y chicos, para chicos grandes, para grandes chicos y para chicos chicos, para grandes grandes
http://www.imaginaria.com.ar/13/6/maximas_y_minimas.htm

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