sábado, 18 de octubre de 2008

LA PALABRA


La palabra para los griegos estaba anclada al MITO. Mito es palabra, es narración, es tradición ( en el mejor sentido de la palabra), es transmisión.
La palabra nos da existencia. Palabra es Nombre. Palabra es lenguaje, es texto y es contexto. La palabra nos humaniza. El proceso de hominización tiene que ver con lo que nos hace dignos de humanidad, que es el lenguaje, a través de la palabra.La palabra dicha y la no dicha, que se manifiesta a través de códigos lingüisticos y paralingüísticos (íconos, sonido, gestos, otros).
Las palabras y las cosas al decir de Foucault representan la existencia del sentido y el sin sentido. La palabra es comunicación e ¿incomunicación?. A veces, con sólo una palabra destruímos una vida o construimos la muralla China o lo que fue el Muro de Berlín. El mundo está hecho de palabras, ellas integran el mundo de las representaciones y nos devienen en sujeto. Somos sujetos sujetados por palabras, o escindidos por palabras, o esperanzados por palabras..................
Hay muchas formas de ser parlantes hasta con silencios, de eso sabe mucho el psicoanálisis ( Freud y Lacan supieron mucho de esto)
Una imagen es palabra, un sonido es palabra, una obra de arte es palabra, la música es palabra, la sonrrisa es palabra, el "Otro" es palabra, yo soy palabra, el mundo sería mejor si escuchara la palabra y la viera en el clamoroso rostro de los que sufren, de los humillados.
Palabras tan sólo palabras.......


Lic. Susana Copertari

Facultad de Ciencia Política y RRII UNR

LOS NATIVOS DIGITALES QUIEREN Y MUCHO A LA FOTOGRAFIA ANALOGICA. POR ALGO SERA. (el titulo lo puse yo-Alejandro Piscitelli)

Uno de los objetivos que como caminante a pie, suelo perseguir, es que todo lo que hago, tiene que ser productivo, que cualquier experiencia, me sirva para incorporara algo más y ver un poco más allá. Por eso, suelo destacar para mí algunas frases, recortar ideas, por más volátiles o irrisorias o repetidas que parezcan.
El miedo a ser olvidados, para mí, es el mayor -¿único?- temor del ser humano. Ahora, ¿cómo sólo una charla de las tantas de las XII Jornadas Nacionales de Investigadores de Comunicación, me llevó a este planteo metafísico? Es que el pensamiento es así y hurgar en causas y casos forma parte de nuestra naturaleza. Ya “hiperlinkeados” como estamos, poco nos sorprende, lo lejos que nos puede llevar, situaciones, en primer instancia, minúsculas.
Las Jornadas son organizadas por la Red Nacional de Investigadores en Comunicación, y desde este jueves 16 y hasta el sábado 18, se desarrollan en la Escuela de Comunicación Social, de la UNR, bajo la desbordada temática “Nuevos escenarios y lenguajes convergentes”. En casi 100 hojas, se resumen las múltiples ponencias que se dividen en áreas como “arte y comunicación”; “sujetos, identidades y cultura”; “economía y política de la comunicación”; “discursos, lenguaje y textos”, “espacios urbanos”, “teorías y metodologías de la investigación”, “la educación desde la comunicación”; “prácticas de producción, consumo y usos mediáticos”.
Cuantiosos estudiantes, e investigadores se reunieron para hacer eso que nos gusta, hablar y hacer de esa mera capacidad individual del lenguaje un debate abierto, donde lo social se inmiscuye ampliando los paradigmas del yo.
Y ante tanta oferta, uno debe imponer al máximo ese criterioso concepto económico, de costo de oportunidad, ya que sumado a las limitaciones eternas del tiempo, que acorta y coarta algunas opciones, limita las ganas de ir y ver, uno debe elegir algo de ese todo.
En la variedad escuché la charla titulada “El discurso fotográfico”, donde es la imagen la que dialoga y responde y articula rimbombantes relaciones con textos y contextos.
Allí surgieron conceptos teóricos, nombres de genios y frases espasmódicas. Es la imagen fotográfica la detención de lo que pasó, la habilidad y el permiso de tener en mis manos lo que pasó, lo que fue y dejó de ser, lo que no volverá a ser, de ninguna manera, igual a ello.
No implica que lo revivamos, no implica que volvamos a sentir eso sentido, pero sí nos permite re asistir a la función de nuestro propio teatro –o de otros- que es nuestra propia vida – o la de otros, que suele ser nuestra. Vehiculiza eso que está allá, que ya tuvo identidad, y nos abre la puerta al recuerdo, a ese volver al corazón, evita la desaparición o que nos desaparezcan, y como algunos de esos grandes supieron decir, “es el triunfo sobre el paso del tiempo, ella nos sobrevivirá, es el elemento del futuro, nos devuelve un instante lo pasado, restituye lo que nos marcó”.
Barthes nos habló que la realidad de la fotografía es el “haber estado allí, pues existe la evidencia del aquello sucedió así. Parece confiable, aunque él hable de los mecanismos típicos de connotación, como el trucaje, la pose, los objetos, la sintaxis, la fotogenia y el esteticismo.
Ese analogon con la realidad, permite que la visitemos una y otra vez más, no sólo por una cuestión de querencia o deseo, sino por necesidad. Necesidad de tiempos, de olores, de espacios, de momentos. ¿Y por qué necesitamos remover, revolver, re volver, eso que hicimos o que fuimos o que pasamos? ¿Será un aura romanticista, en medio de tanta razón y caos, producto mismo, de esa razón?
La cuestión es que toda fotografía –como todo relato- nos da la tranquilidad de que podemos retener algo, que si fuera por el tiempo mismo, hubiésemos perdido absolutamente. Por eso, remarco esa idea esencial del miedo que tenemos al olvido, a que seamos olvidados. Le tenemos miedo al tiempo, y por sobre todo, al presente. Al caer en la cuenta, a ser conciente, de que somos. De qué somos. Por eso prescindimos de la narración o de lo que nos pone a disposición la fotografía o el monumento, para valorar y revalorizar lo que fue esfumándose. Por ese miedo al hoy, hablamos tanto y tanto del futuro, de lo que vendrá, de eso sin cara ni cuerpo, de eso que es más sombra todavía. Esto es lo que hace, a esto me condujo, una charla, un milímetro del saber, entre tanto a las que podría haber accedido.
En concreto, la presentación rondó en pos de tres trabajos, cuyo eje, era dicho discurso fotográfico.
El primero fue dispuesto por una joven licenciada cordobesa, [1] que llevó adelante un taller en un neuro psiquiátrico de su provincia “para desestigmatizar”, para darle voz, a los dueños de un discurso, que según Foucault, sería excluido, contra hegemónico. El arte como cura, como solución, como alternativa vigente y latente, y en este caso, como ese “darle una mano” a los que no saben que la tienen. Descubrirlos, hacerlos descubrirse. Mientras se revisan conceptos de Verón, como discurso y figura, la Arqueología del Saber y demás.
Entre “la intuición y la teoría”; de la UNR, Carolina Cansino adelantó sobre su hipótesis sobre delimitar un nuevo “género visual”, dialogando con Bajtín, en pos de la foto de nota roja, o foto choque, entre tantas denominaciones. Imperdible la obra de Enrique Metinides, deja sin palabras, como ella misma dice. También la de Bayard, quien auto fotografió su muerte inventada, logrando el sensacionalismo pretendido. A partir de ello, los cuestionamientos sobre cuál es el papel del fotógrafo, si debe o no intervenir, si participa ya del hecho porque oprime el botón. Frases y citas importantísimas, lo hicieron destacable.
Leticia Rigat, con su investigación sobre la obra de Marcelo Brodsky, hizo temblar esa historia que de tan reciente, cuesta verla como historia consolidada y que rasguña. También desde Rosario, hondó en la captación de las ausencias, en el rescate del ayer que supone la fotografía y que permite, tener lo que no está. A mi criterio, muchas imágenes de la memoria, fueron foto choque y descarrilaron mi entereza.
La convergencia es la sangre del mundo y un debate, obliga muchos más. Alguien leyó “El etnógrafo”, de Borges. y así, a la hora de la siesta, antropología, lingüística, trans lingüística, se conjugaron para hacer pensar.
Sí fue productivo.
Me quedo, entonces, con este relato, y con la nostalgia de lo que no ví y las expectativas de lo que veré.




[1] López, Verónica. “La mirada del otro en el discurso fotográfico”.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Michael Bajtin...

las palabras no son de nadie.
* Los significados neutros de las palabras aseguran su carácter y la ínter compresión de los que hablan, pero su uso en la situación comunicativa, depende siempre de un contexto particular.
* Cualquier palabra existe para el hablante en sus tres aspectos.
  • Como palabra neutra de lalengua, que no pertenece a nadie,
  • como palabra ajena, llena de ecos, de los enunciados de otros, que pertenecen a otras personas;
  • y finalmete como mi palabra, porque puesto que yo la uso en una citación determinada y con una intención discursiva determinada, lapalabra está compenetrada de miexpresividad.

viernes, 10 de octubre de 2008

Algunas notas mías....












Más que mil palabras


Un disfraz para el adiós


Estaban esperándose. Esperando la palabra del otro. Era la palabra la que los salvaría. Esa palabra que siempre surge, o que tarda tanto, que llega a doler. Pero que siempre evoca e imagina y hace que todo, sea menos fuerte. O mucho más.
Pero ella siguió parada, gravitando en algún sitio perdido. Él con las manos hacia atrás, a su lado. La respiración se asfixiaba de sólo verlos, tan perennes.

Así se comprobó, que era cierto que con el número dos, nacía la pena.

jueves, 9 de octubre de 2008

Sobre su etimología

http://etimologias.dechile.net/?A

Cuando alguien dice, pasen y vean, es porque hay algo por ver, y mucho por recorrer. Todo recorrido es causa de aprendizaje...
Pasen y vean, para aprender de etimología, y cosas, como por ejemplo...la A, deriva de Alef, que significa toro.. y más!

QUÉ ES UNA PALABRA?

En gramática tradicional, una palabra es cada uno de los segmentos limitados por pausas o espacios en la cadena hablada o escrita, que puede aparecer en otras posiciones, y que está dotado de una función.
Lingüísticamente, el concepto de palabra es mucho más problemático de lo que la definición anterior sugiere. Determinar qué constituye fonéticamente o morfosintácticamente una palabra es un problema abierto, así por ejemplo junto a los morfemas ligados y las palabras léxicas existen los clíticos cuyo estatus de palabra es discutido. La rama de la lingüística que estudia la composición y estructura interna de las palabras es la morfología.

Perspectivas de estudio
La palabra puede ser estudiada desde distintos enfoques:
Criterio fonológico: Segmento limitado por junturas, pausas o que constituyen el núcleo posible de un grupo acentual.
Criterio formal o morfológico: Mínima forma libre, caracterizada por la posibilidad de aparecer libremente en cualquier posición de la cadena hablada.
Criterio funcional: Unidad dotada de una función, aunque hay unidades mayores y menores que la palabra.
Criterio semántico: Asociación de un sentido dado y un conjunto de sonidos dado dentro de una función gramatical.

Clases de palabras
Las palabras pueden dividirse, según criterios morfosintácticos (categoría sintáctica, tipo de flexión), fonológicos (acentuación, número de sílabas) o funcionales.

Clasificaciones morfosintácticas
Según su categoría sintáctica
Las que pertenecen a la categoría léxica:
adjetivo
adverbio
sustantivo o nombre
verbo
preposición
Y las que pertenecen a la categoría funcional:
determinante
conjunción
subjunción

Según su estructura interna
Palabras compuestas, que contienen al menos dos lexemas.
Palabras derivadas, se refiere propiamente a una relación entre dos palabras formadas a partir del mismo lexema básico.
sintagma lexicalizado o colocación.

Clasificaciones fonológicas
Según su acentuación
En ciertas lenguas con acento de intesidad fonológico, la posición del acento de intensidad no está fijado siempre en la misma sílaba, dichas lenguas se denominan lenguas de acento libre. En lenguas de acento libre como el español puede hacerse las siguientes clasificaciones:
Las palabras agudas son aquellas en la que recae el acento en la última sílaba de la palabra. Por ejemplo: salchichón.
Las palabras llanas son aquellas en las que el acento recae en la penúltima sílaba. Por ejemplo: camilla.
Las palabras esdrújulas son aquellas en las que recae el acento en la antepenúltima sílaba. Por ejemplo: esdrújula.
Las palabra sobresdrújula son aquellas en las que recae el el acento en la sobreantepenultima sílaba. Por ejemplo: rómpeselo.
Fonológicamente el acento ayuda a segmentar la cadena hablada en grupos fónicos o en palabras. En lenguas de acento en posición fija como el francés donde el acento cae al final de cada palabra tónica, por lo que la identificación de la posición del acento permite segmentar en palabras (exceptunado las palabras clíticas)

Según su número de sílabas
Palabra monosílaba: aquella palabra con una sola sílaba. Por ejemplo: sol, buey.
Palabra bisílaba : aquella palabra con dos sílabas. Por ejemplo: nube, bolso.
Palabra trisílaba : aquella palabra con tres sílabas. Por ejemplo: huracán, teclado.
Palabra cuatrisílaba: aquella palabra con cuatro sílabas. Por ejemplo: comilona, escopeta.

Morfología y componentes de la palabra
Los componentes inmediatos de la palabra son los morfemas, que representan las unidades gramaticales mínimas. El nivel superior es el de los monemas, y el inferior a su vez se divide en fonemas.

Procesos de formación de palabras
Las palabras que forman parte de las categorías léxicas pueden combinarse entre sí para dar lugar a nuevas palabras, para ello las lenguas del mundo usan diversos procedimientos:
Composición (lingüística)
Derivación (lingüística)
Parasíntesis
En cambio las categorías funcionales se consideran clases cerradas que no resultan explícitamente ampliables mediante ningún proceso productivo de formación de palabra. Sin embargo, en la evolución histórica de una lengua el inventario de palabras funcionales varía porque se ganan o se pierden elementos, el proceso más importante de creación de nuevas palabras funcionales es la gramaticalización.

Semántica léxica
La semántica léxica es un área de la lingüística que investiga como las palabras de una lengua denotan o "significan" (Pustejovsky, 1995). La semántica léxica se preocupa de como se componen singificados complejos a partir de significados más simples, y qué tipo de estructuración tienen las palabras para representar el mundo exterior. No todas las lenguas ponen el mismo énfasis en los mismos rasgos a la hora de disponer de palabras diferentes para conceptos ligeramente diferentes. La determinación de los rasgos más frecuentes o relevantes para comprender la relación entre las palabras de una determianda área del vocabulario es uno de los asuntos de la semántica léxica.
La semántica léxica moderna a diferencia de los enfoques más tradicionales sobre el significado asume que el conjunto de palabras relacionadas con un determinado campo semántico, actividad o concepto, es un conjunto con cierta estructura interna que hay que descubrir, lo cual permitiría descubrir la "lógica" de una cada lengua para nombrar objetos relacionados semánticamente. Una pregunta abierta es el significado se establece mirando en una entorno de la red semántica de una palabra o si por el contrario el significado está contenido localmente en cada palabra. El estudio tradicional del significado implícitamente ha asumido esta segunda posibilidad en la mayoría de los casos. Otra cuestión planteada en semántica léxica es como es la relación entre las palabras y los conceptos denotados. La semántica léxica usa los conceptos tradicionales de sinonimia, antónimo, hiponimia e hiperonimia para estudiar la red semántica de palabras.

Semántica tradicional
Las palabras son símbolos. Esto quiere decir que se refieren a las cosas del mundo o objetos ajenos al lenguaje. Las palabras son un cierto tipo de representación cognitiva con la que se asocian convencionalmente. Tradicionalmente En la relación entre una palabra (forma fonológica) y el mundo exterior es necesario estudiar tres aspectos:
la expresión de la palabra
el concepto con el que se asocia o significado.
la cosa a la que se refiere o referencia.
La referencia de una palabra puede ser múltiple, debido a que en el mundo existan muchos objetos denotadas por la misma palabra al ser todos ellos un tipo de objeto. Sin embargo, el significado de la palabra es único.
El valor semántico de una palabra es el conjunto de objetos o situaciones a los que se puede referir, esto es, su ámbito referencial (que sería una clase de objetos, mientras que el significado sería la propiedad que comparten esos objetos, la idea o representación mental que se tiene de ellos).
Tradicionalmente, se ha considerado que los significados de las palabras son, normalmente, entidades conceptuales compuestas de otras entidades. Los conceptos en que se pueden despiezar los significados se denominan semas o componentes semánticos. Los semas de un significado son las propiedades implicadas o evocadas por ese significado. Así, pues, los significados son unidades complejas. A partir de los semas se ha tratado de definir un tipo de entidad más problemática llamada semema.
El significado de una palabra es el concepto del que es portadora; cuando definimos su significado, precisamos las propiedades de ese concepto. El significado es definido de manera ligeramente diferente dentro de cada teoría semántica. Para algunas teorías sería una especie de abstracción sobre el conjunto de referencias evocadas por la palabra. Otras teorías han tratado de concertar el significado mediante la teoría de prototipos, o mediante agreafados de rasgos semánticos o semas.
Los rasgos semánticos típicos de una clase son aquellas propiedades que son frecuentes en los objetos de esa clase y que marcan el mayor contraste con otras clases. Así, pues, el significado de las palabras no es un concepto que se refiera por igual a todos los objetos que se puedan nombrar con esa palabra, sino que caracteriza solo a los ejemplares típicos.
La concepción del significado de la palabra como una unidad que comprende tanto el pensamiento generalizado como el intercambio social, es de un valor incalculable para el estudio del pensamiento y el lenguaje; puesto que permite realizar el verdadero análisis causal-genético, el estudio sistemático de las relaciones entre el crecimiento de la capacidad de pensamiento del niño y su desarrollo social. Es por ello que los lingüistas modernos utilizan el fonema, “la más pequeña unidad fonética indivisible que afecta al significado” y es, por tanto, característica del habla humana, distinta de otros sonidos (Vygotsky, 1977; Bruner, 1998).

miércoles, 8 de octubre de 2008

La eficacia simbólica

El título del post, es el título del capítulo número 10, de "Antropología estructural" (1958); una obra de Claude Lévi Strauss que explica la cura shamánica en la cultura Cuna (Panamá y Colombia)
Dónde reside lo grandioso de la explicación? El Shamán o nene, es una especie de cura sin ninguna formación de índole intelectual, pero que cuenta con una gran capacidad innata, de detectar las enfermedades del resto de las peronas y encauzar la solución.
En este caso, se trata de su intervención para solucionar el parto conflictivo de alguna mujer que solicite su presencia. Él se internaliza, somatiza el dolor, y representa una lucha contra los desvaríos de Muu, la diosa del útero. Es necesaria su intervención en la concepción de cualquier ser humano, pero cuando se apodera de la fuerza vital (no del alma o purba) de los otros órganos, el parto deviene en negativo.
La cuestión central es que es el CANTO, la eficacia simbólica de la palabra misma, la que cura a la paciente, y que le permite solucionar el conflicto y volver a enfrentarlo.
Al igual que el Psicoanálisis, funciona por su método de escucha al otro. En una unilateralmente, en la otra por medio de una representación.
Pero, como dice Don Sigmund, las palabras sirven tanto para llevar a la desperación y -agrego- o llevar al olvido.
PaSen y VeaN

domingo, 5 de octubre de 2008

DE TRAMAS SOMOS...







Los textos son tramas. Tramas de palabras que se imbrican en oraciones, oraciones que requieren de otras similares, para construir párrafos, y relatos. Y ¿Qué son los relatos, esos “innumerables relatos existentes”[1]?


Es que como usuarios de la lengua, como constructores de cultura, como seres humanos, necesitamos de la palabra, que nos hominiza y da existencia. Nuestra existencia sólo permanece vigente y permanente, porque somos capaces de introducirla -por medio de palabras- en “la linealidad del discurso”. Es cierto que se escribe para no olvidar, porque se escribe lo que no se quiere olvidar, lo que nos es interesante, trascendental o ineludible de recordar.


Todo el tiempo estamos relatando, “hablamos haciendo y haciéndonos, hacemos hablando y hablándonos”; dirá Albert Chillón. Somos discurso y acción. Somos simplemente, hombres, que en nuestro guaraní significa “sonido de pie”; y nos caracteriza por nuestra capacidad de alzar la palabra a su estatura plena.


Escuchamos relatos en la calle, en casa, en los medios, en aire, en el mundo. El mundo es, y otra vez, una trama de relatos, de relatos sobre el mundo mismo, sobre relatos hechos y construidos por otros, relatos usados, repetidos, que se re significan constantemente. El mundo es, lo que podemos percibir de él. Al igual que la realidad. Ese “pacto entre subjetividades”. Y si, esa realidad sobre la que hablamos y enunciamos, es pura construcción y pura palabra, cómo dudar de la afirmación de Chillón “toda dicción es ficción”. Cómo no asegurar que toda dicción es ficción, si en la misma dicción, el objeto es ardua ficción.


Cada uno, relata, narra, pone a funcionar sus capacidades cognitivas, comunicacionales y pragmáticas y sigue tramando, sigue obrando con las palabras como ladrillos de infinitas paredes polisémicas, plurívocas, polifuncionales. Y como no nos alcanza este universo de piel y hueso, de tierra y mar, al que “empalabramos”, inventamos otros.


No conforme con el planeta “de los átomos”, conjeturamos otros en nuestra imaginación y lo plasmamos a través del relato, muchos son el vivo reflejo de cuanto han imaginado miles de fieles que solo apuntan a evadirse de la cotidianeidad. Otros son más veridicentes, otros más fantásticos. Otros recorren trayectorias individuales, son testimoniales, otros revisten una corroboración documental (enunciados facticios de tenor testimonial y documental) y muchos otros en su ficcionalidad explícita, en su carácter fabulador, abren otras ventanas. Aquí nombraríamos a los enunciados ficticios de tenor realista, buscando “la verdad por medio del cultivo de la verosimilitud referencial” (cuentos, relatos, cine realista), o a los que nos remiten a realidades creadas, buscando “la verdad por el cultivo de la verosimilitud auto referencial” (relatos, mitos, fábulas). Y por supuesto, hechos de palabras, también podemos emplear ficciones para mentir, y engañar (discurso político)


Así, lo que llamamos, ese mundo, ese “conjunto de todas las cosas creadas”, según la definición del Diccionario de la Real Academia Española, es cada vez más amplio, más interminable, más habitable y habitado.


Somos palabras de pie, que hablamos y actuamos, y relatamos lo que hicimos, en este mundo empalabrado, para que duren para siempre, para que otras palabras de pie, discutan y debatan lo que emitimos, sigan empalabrando la Tierra, la historia.


Es que como dice Iván Almeida “si puedo contarme lo que perdido, he encontrado una forma distinta de poseerlo para siempre”. Como individuos melancólicos, prescindimos del otro, prescindimos de su palabra para que la nuestra tenga vida y “de vida a la vida”. Y necesitamos que no se pierdan, que no se las lleve el viento. Porque en ella están encerradas, todas nuestras acciones, nuestra experiencia, en su capacidad de reunir “memoria y expectativa”. Por medio del relato, el tiempo mismo es ambiguo y multiforme. Porque nos permite ser ahora, en este tiempo indefinido (pasado, presente y futuro), y recordar lo que fuimos (por el tiempo del relato, con un antes y un después).


Es que la magia del relato, reside en que no sólo podemos relatar lo que hicimos, sino lo que no pudimos, no quisimos, o no nos animamos a hacer. Es una apuesta al coraje simbólico. Puede ser de momentos, el retrato del superyó. Siempre es, en todo caso, una interpretación de lo que nos rodea. Una forma de llegar a comprenderlo.


Dirá Barthes que la función del relato, al cual accedemos a través de idas y venidas, de viajes, vueltas y volteretas, de ese requerido cojear estructural, no es representar, sino montar un espectáculo. Chillón disentirá en el primer aspecto, afirmando que no reproducen la realidad, sino que la representan. En todo caso, para el antecesor, es el lenguaje el hecho clave de todo relato. Para el que le sigue, que toda dicción es ficción.


Como seres subjetivos, estamos impregnados de palabras, que son nuestras sólo en el momento de la enunciación. Antes ya la dialogaron otros. Un poco después, la dialogarán los que nos siguen. Y así “como correas de transmisión de la historia” pasan las palabras, pasan los enunciados, pasan las acciones empalabradas, por nuestra vida, por la vida, por el mundo. Pero solo por medio del relato, hacemos que todo lo que hicimos, no se deshaga.


[1] Barthes, Roland. “Introducción al análisis estructural de los relatos”