sábado, 18 de octubre de 2008

LOS NATIVOS DIGITALES QUIEREN Y MUCHO A LA FOTOGRAFIA ANALOGICA. POR ALGO SERA. (el titulo lo puse yo-Alejandro Piscitelli)

Uno de los objetivos que como caminante a pie, suelo perseguir, es que todo lo que hago, tiene que ser productivo, que cualquier experiencia, me sirva para incorporara algo más y ver un poco más allá. Por eso, suelo destacar para mí algunas frases, recortar ideas, por más volátiles o irrisorias o repetidas que parezcan.
El miedo a ser olvidados, para mí, es el mayor -¿único?- temor del ser humano. Ahora, ¿cómo sólo una charla de las tantas de las XII Jornadas Nacionales de Investigadores de Comunicación, me llevó a este planteo metafísico? Es que el pensamiento es así y hurgar en causas y casos forma parte de nuestra naturaleza. Ya “hiperlinkeados” como estamos, poco nos sorprende, lo lejos que nos puede llevar, situaciones, en primer instancia, minúsculas.
Las Jornadas son organizadas por la Red Nacional de Investigadores en Comunicación, y desde este jueves 16 y hasta el sábado 18, se desarrollan en la Escuela de Comunicación Social, de la UNR, bajo la desbordada temática “Nuevos escenarios y lenguajes convergentes”. En casi 100 hojas, se resumen las múltiples ponencias que se dividen en áreas como “arte y comunicación”; “sujetos, identidades y cultura”; “economía y política de la comunicación”; “discursos, lenguaje y textos”, “espacios urbanos”, “teorías y metodologías de la investigación”, “la educación desde la comunicación”; “prácticas de producción, consumo y usos mediáticos”.
Cuantiosos estudiantes, e investigadores se reunieron para hacer eso que nos gusta, hablar y hacer de esa mera capacidad individual del lenguaje un debate abierto, donde lo social se inmiscuye ampliando los paradigmas del yo.
Y ante tanta oferta, uno debe imponer al máximo ese criterioso concepto económico, de costo de oportunidad, ya que sumado a las limitaciones eternas del tiempo, que acorta y coarta algunas opciones, limita las ganas de ir y ver, uno debe elegir algo de ese todo.
En la variedad escuché la charla titulada “El discurso fotográfico”, donde es la imagen la que dialoga y responde y articula rimbombantes relaciones con textos y contextos.
Allí surgieron conceptos teóricos, nombres de genios y frases espasmódicas. Es la imagen fotográfica la detención de lo que pasó, la habilidad y el permiso de tener en mis manos lo que pasó, lo que fue y dejó de ser, lo que no volverá a ser, de ninguna manera, igual a ello.
No implica que lo revivamos, no implica que volvamos a sentir eso sentido, pero sí nos permite re asistir a la función de nuestro propio teatro –o de otros- que es nuestra propia vida – o la de otros, que suele ser nuestra. Vehiculiza eso que está allá, que ya tuvo identidad, y nos abre la puerta al recuerdo, a ese volver al corazón, evita la desaparición o que nos desaparezcan, y como algunos de esos grandes supieron decir, “es el triunfo sobre el paso del tiempo, ella nos sobrevivirá, es el elemento del futuro, nos devuelve un instante lo pasado, restituye lo que nos marcó”.
Barthes nos habló que la realidad de la fotografía es el “haber estado allí, pues existe la evidencia del aquello sucedió así. Parece confiable, aunque él hable de los mecanismos típicos de connotación, como el trucaje, la pose, los objetos, la sintaxis, la fotogenia y el esteticismo.
Ese analogon con la realidad, permite que la visitemos una y otra vez más, no sólo por una cuestión de querencia o deseo, sino por necesidad. Necesidad de tiempos, de olores, de espacios, de momentos. ¿Y por qué necesitamos remover, revolver, re volver, eso que hicimos o que fuimos o que pasamos? ¿Será un aura romanticista, en medio de tanta razón y caos, producto mismo, de esa razón?
La cuestión es que toda fotografía –como todo relato- nos da la tranquilidad de que podemos retener algo, que si fuera por el tiempo mismo, hubiésemos perdido absolutamente. Por eso, remarco esa idea esencial del miedo que tenemos al olvido, a que seamos olvidados. Le tenemos miedo al tiempo, y por sobre todo, al presente. Al caer en la cuenta, a ser conciente, de que somos. De qué somos. Por eso prescindimos de la narración o de lo que nos pone a disposición la fotografía o el monumento, para valorar y revalorizar lo que fue esfumándose. Por ese miedo al hoy, hablamos tanto y tanto del futuro, de lo que vendrá, de eso sin cara ni cuerpo, de eso que es más sombra todavía. Esto es lo que hace, a esto me condujo, una charla, un milímetro del saber, entre tanto a las que podría haber accedido.
En concreto, la presentación rondó en pos de tres trabajos, cuyo eje, era dicho discurso fotográfico.
El primero fue dispuesto por una joven licenciada cordobesa, [1] que llevó adelante un taller en un neuro psiquiátrico de su provincia “para desestigmatizar”, para darle voz, a los dueños de un discurso, que según Foucault, sería excluido, contra hegemónico. El arte como cura, como solución, como alternativa vigente y latente, y en este caso, como ese “darle una mano” a los que no saben que la tienen. Descubrirlos, hacerlos descubrirse. Mientras se revisan conceptos de Verón, como discurso y figura, la Arqueología del Saber y demás.
Entre “la intuición y la teoría”; de la UNR, Carolina Cansino adelantó sobre su hipótesis sobre delimitar un nuevo “género visual”, dialogando con Bajtín, en pos de la foto de nota roja, o foto choque, entre tantas denominaciones. Imperdible la obra de Enrique Metinides, deja sin palabras, como ella misma dice. También la de Bayard, quien auto fotografió su muerte inventada, logrando el sensacionalismo pretendido. A partir de ello, los cuestionamientos sobre cuál es el papel del fotógrafo, si debe o no intervenir, si participa ya del hecho porque oprime el botón. Frases y citas importantísimas, lo hicieron destacable.
Leticia Rigat, con su investigación sobre la obra de Marcelo Brodsky, hizo temblar esa historia que de tan reciente, cuesta verla como historia consolidada y que rasguña. También desde Rosario, hondó en la captación de las ausencias, en el rescate del ayer que supone la fotografía y que permite, tener lo que no está. A mi criterio, muchas imágenes de la memoria, fueron foto choque y descarrilaron mi entereza.
La convergencia es la sangre del mundo y un debate, obliga muchos más. Alguien leyó “El etnógrafo”, de Borges. y así, a la hora de la siesta, antropología, lingüística, trans lingüística, se conjugaron para hacer pensar.
Sí fue productivo.
Me quedo, entonces, con este relato, y con la nostalgia de lo que no ví y las expectativas de lo que veré.




[1] López, Verónica. “La mirada del otro en el discurso fotográfico”.

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