viernes, 10 de octubre de 2008

Un disfraz para el adiós


Estaban esperándose. Esperando la palabra del otro. Era la palabra la que los salvaría. Esa palabra que siempre surge, o que tarda tanto, que llega a doler. Pero que siempre evoca e imagina y hace que todo, sea menos fuerte. O mucho más.
Pero ella siguió parada, gravitando en algún sitio perdido. Él con las manos hacia atrás, a su lado. La respiración se asfixiaba de sólo verlos, tan perennes.

Así se comprobó, que era cierto que con el número dos, nacía la pena.

1 comentario:

[Cabecita Calesita] dijo...

No sé si vas a ver este comentario... me puse a leer tu blog, y este texto me pareció tan pero tan simpático! :)

quiero saber de quién es :)



Muchos besotes Ani!
ya falta menos para vernos y compartir apuntes, horas de sueño, almuerzos, chismes y demás cosas facultativas :)

te quiero che :)

PD: that's me! Brendita Galinac!