lunes, 26 de enero de 2009

“EL CLUB DE LOS ANTI-PERFECTOS”


Primer premio en la categoría “Cuentos Latinoamericanos” en el Concurso “Premio Literario Internacional – V Edición” – Barcelona - España

Publicado en el libro “Premio a la literatura” – V Edición – 2002

St. Paul’s School – Barcelona - España


No sé, pero la gente siempre supone ser un Dios, tal vez no es así, pero hay personas tan raras.

Todas las noches, a las ocho de la noche, comienza un verdadero show para la gente de Pujato. Pujato es un pueblo tan pequeño que si te subís a una bicicleta para dar una vuelta, con una sola pedaleada recorrés varias manzanas, y si frenás de golpe, pasás al pueblo vecino. Además demora más el vuelo de un pájaro recorriendo cinco árboles que un chisme cuando va de boca en boca.

Como les venía contando, Pujato es muy especial, tan especial como sus habitantes y el famoso show de las ocho de la noche. En ese momento comienza el gran espectáculo en casa de los PÉSIMOS, llamados así, porque... Juancho, el vecino petiso y regordete, al que se le confunden las pecas con los ojos, tarda más de media hora en sentarse a su silla. Darío, el flacucho de dos metros de altura, que puede tranquilamente esconderse detrás de los álamos sin que nadie se de cuenta, tiene dificultad para tomar los utensillos a la hora de la cena, no hay caso, por más que lo intente nunca logra tomar el tenedor y el cuchillo. Pancho tarda más o menos quince minutos en limpiarse la boca cada vez que bebe o come algo, y José nunca logra cenar porque se cae siempre en la entrada de la casa y no puede levantarse solo. Todos los otros habitantes de Pujato espían risueños y divertidos por los vidrios de los grandes ventanales. Se ríen como locos, como perros y gatos después de una travesura, como un famoso conductor de TV que todos conocemos cada vez que manda a un corte, en fin se reirán y reirán todas las noches a la costa de los PÉSIMOS y de un gran remolino de errores y descuidos.

Un domingo por la mañana, cuando el Padre Manuel estaba dando su sermón, recalcó a todos el problema que había sido los habitantes de la casa de los PÉSIMOS, empezando por el nombre con el cual se los identificaba, ya que error que ellos cometían, burla que recibían. Todos se llevaron una gran sorpresa cuando los NOTABLES, otros personajes exclusivos de Pujato que llevan siempre consigo un plumero porque necesitan limpiar cada vereda o calle por donde caminan y que, además, llevan también un diccionario bajo el brazo, porque no es cuestión de nombrar dos veces la misma palabra y repetir vocablos, no señor. Bien, les decía que los NOTABLES y el resto de las personas que estaban en la Iglesia esa mañana quedaron estupefactos cuando algunos de ellos realizaron la ofrenda. A uno se le cayó el copón y todas las hostias, todas, todas, volaron por los aires, quedando regadas por todo el piso e incluso en alguna peluca de alguna señora pituca, o en el cochecito de algún bebé dormilón. ¡Qué bochorno!.

Sin perder un minuto de tiempo, Pancho y José (de la casa de los PÉSIMOS) ayudaron a estas personas a recoger todo lo que se había derramado, porque pensaban que era muy avergonzante quedar mal frente a todo el resto del pueblo. Ese pequeño acto les demostró a todos la inmensa bondad que los PÉSIMOS tenían en su corazón, la disposición solidaria hacia los demás, los gestos sinceros, que salen del alma y que van mucho más allá de tumbar o no tumbar cosas, o de no saber como utilizarlas. Estas actitudes revelan la perfección de las almas.

A partir de ese día todos los habitantes de Pujato pasaron a formar parte del club de los ANTI-PERFECTOS, aunque a todos les está costando tiempo y esfuerzo, porque como dice un conocido autor de un mucho más conocido libro, “...lo esencial es invisible a los ojos...”.-

ANACLARA DALLA VALLE

2002

1 comentario:

Tomás dijo...

Luego de 5 o 6 años volver a leer "El club de los anti-perfectos" me volvió a cautivar la enseñanza, simple e importante, a seguir en los tiempos que nos toca vivir.