lunes, 26 de enero de 2009

ENTRE GRISES Y ROSAS


Mención especial en el III Concurso Nacional de Narrativa “El cuento de mi pueblo” Huancayo – Perú
2003
Cuento ganador en el Concurso Literario de Cuentos cortos “Transformando palabras en sueños” - Declarado de interés educativo (Disp. 0536/05) por la Ministra de Educación de la Provincia de Santa Fe – Colegio “Dr. Luis F. Leloir” - Rosario.




Presa de las poco disimuladas muecas de quienes transitan las mustias calles del pueblo al que se le escapó el tren, como una criatura que asume sus riesgos, me encuentro, de pronto, sentada en un cine algo barato y sin mucho lujo, sin estrenos más que la vida cotidiana. Desaparecieron las butacas y mi pantalón se encuentra algo sucio gracias a la vereda, rodeada de su carcomido cordón oxidado que demuestra muy poco trabajo para mejorarse.
Ahora, con frutillas en el pelo y dulce de leche en la remera, me siento un ser extraño vislumbrado por entrecejas fruncidas, atestiguada por rostros torcidos, que siempre me miran desde la esquina de enfrente.
Muy pocos conocen mis destino. Además no se puede esperar nada del repetitivo pibe que por cuarta vez hace un carnaval de escapes con su destartalada moto de unos cuatrocientos años frente a mí. No puedo exigir nada de la histérica señora que a cien dobló en la punta, no de las insignificantes egresadas que patean la calle. Las frutillas del pelo no me alcanzan para que Pujato deje de morirse en cada fumador que sabe su final. ¿Por qué mi pueblo, que tiene nombre de gobernador, no puede gobernar la idiotez de los simpáticos que tratan de humillar los versos del poeta?.
Hoy el dulce de leche en la remera no es suficiente para desmantelar el aroma del cigarrillo y el de los pozos nauseabundos. Ni siquiera los rezos del rosario ni las señales de la cruz pueden ahogarlos. Ni siquiera los diversos colores de un metamorfósico perro, los juegos a la nada y los inevitables ¿qué hace esta ridícula?, comprenden el polvo rosa de mi rutina diaria.
¿Qué puedo hacer? Los Pujatos somos así. Corremos detrás de muchas lágrimas vivas. Abrimos puertas triangulares en nuestras casas redondas. Decidimos con el pan y su riqueza, vestirnos de primavera y deslumbrar el horizonte. Somos así. Nos secamos ferozmente el rostro ante cualquier tumba viviente. Retornamos al ideal que duerme en cada sonrisa.
Nacimos así. Volamos subidos a las más locas aspiradoras. Barremos las veredas de las tenues sonrisas del hoy para regresar al ayer, que nos espera en la esquina verde de lo no recordado. Chorreamos sueños y estampamos utopías en cada apretón de manos y ojos. Profundizamos abrazos y lloramos besos por cualquier rincón hostil, para demostrarle a la vida que somos así.
Registramos el mundo con pupilas de escritor, con labios prominentes, con espacios para esconder los trenes, que intentan huir y encender las calles donde el sol se olvidó de pasar.

ANACLARA DALLA VALLE
2003

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