sábado, 31 de enero de 2009

LA SIMBIOSIS INFINITA

UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO

FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS
Y RELACIONES INTERNACIONALES
Escuela de Comunicación Social



Tipo de evaluación
Informe monográfico
Cátedra:
Lenguajes I
Autora
Anaclara Dalla Valle
Fecha
15/12/2008





La simbiosis infinita
La presente monografía, presenta dilucidar la imperiosa relación entre lo lingüístico y lo icónico, a través de los conceptos de teóricos a favor de su mutua complementariedad y en contra de ella, escuchando múltiples voces. Parte de interrogante acerca de que es lo que ocurre en la actualidad, y plantea como ejemplo, más que ilustrativo, el caso particular de una página de Internet: Vi.suali.ze.us

























Hoy ¿como ayer?
Vivimos en una época, que muchos estimarían, puramente, visual. Imágenes, luces, ruidos, publicidades, fotos. Vivimos en un mundo, que evidentemente, muchos estimarían, puramente virtual. Comunidades en la web, redes sociales, wikis, blogs, fotologs, simulación, incluso, mundos virtuales.
A esto se le suma, la convergencia, que para ser mediática, primero fue cultural, la cultura participativa, la democracia instaurada en cada PC, la acción colectiva, las hipermediaciones, la hipercomplejidad de un mundo cada vez más habitado, cada vez más crecido, ampliado, cada vez más hiper linkeado, ultra estratificado, supra nivelado. Hablamos de que nuestro universo, el que supo ser habitado por dinosaurios y Adanes bíblicos, es una infinita orquesta, un collage simbólico, “multi pantalla” donde se conectan como dirían Judith Ramales y Lee Zia, en el libro “Educating the Net generation” “people to people, people and tools, people with concepts”.
De todas maneras, más allá de la técnica y la tecnología, lo que posibilita los encuentros (y naturalmente, lo seguirá haciendo) las producciones discursivas, el desarrollo de la actividad humana, es ese lenguaje, muchas veces definido, que nos humaniza y hominiza. Somos, ante todo, sujetos de lenguaje, con sus múltiples dualidades, de palabra,”sujetos sujetados”; según el creador del psicoanálisis, Sigmund Freud.
El lenguaje, lengua y habla. La lengua fue, para Ferdinand de Saussare, un sistema, una estructura, un código. Propuso la ruptura epistemológica más fuerte en ese campo al impedir que se la siga considerando como una mera, simple, unitaria nomenclatura. Fue el inicio, porque siempre hubo mas para decir, siempre hay más para decir. Entonces, además de una facultad de la naturaleza, el lenguaje fue pauta de dicha humanidad, fue posibilidad de subjetividad, instancia de constitución del mismísimo sujeto. Esto se refuerza, en la tesis de la Teoría de la Enunciación, más que apasionante “Es en y por el lenguaje como el hombre se construye como sujeto, porque el solo lenguaje funda la realidad, en su realidad que es la del ser, el concepto ego” Otros lo inmiscuyeron en la mismísima praxis, definiendo enunciados, géneros discursivos. Y así, muchos más siguieron hablando y lo seguirán haciendo, porque es él quien hace que seamos “animales simbólicos”, de acuerdo al filósofo alemán Ernst Cassirer.
Entonces, con lo que se desarrolló desde la teoría y con lo que las vida nos trae, la paradoja ambigua, que puede atravesar múltiples planos y vértices: ¿se pueden separar, qué es más importante, qué es lo que supera a qué, quién predomina, hoy? ¿La palabra o la imagen? ¿Lo lingüístico o lo icónico? ¿Lo simbólico o lo analógico? ¿Se oponen, se complementan o son totalmente antagónicos?

De signos somos

Ante todo es necesario precisar el predomino, al menos de lo simbólico en la realidad del hombre mismo. El universo cultural es adverso al universo natural, que se ve paulatinamente sofocado por el simbolismo, por la significación plena. “El hombre desciende más del signo que del mono (en francés, signe)”, introduce Daniel Bougnoux . Y él retoma, una frase más que destacable de Baudeliere, que acierta al proponer que vivimos menos entre cosas que en un “bosque de símbolos”. Así, continúa el primero, “el imperio de los signos duplica el mundo natural, la semiosfera (que integra la cultura en general) contiene a la biosfera (la naturaleza, el mundo animal, vegetal, etc.)” Deja entrever que no nos conformamos -ni podemos hacerlo- con el mundo “de los átomos”. Es que el ser humano ha conjeturado a lo largo de la historia otros planetas en su imaginación y los ha plasmado a través del arte, de la literatura, de la música, de la pintura. No satisfechos con eso, la tecnología sigue brindando espacios, plataformas que hacen posible que más seres sean creados y creíbles, que se llegue, incluso a edificar alter egos para una “Second life”, que se modifique el mundo a gusto y piachere...así, ese “conjunto de todas las cosas creadas”, según la definición del Diccionario de la Real Academia Española, es cada vez más interminable, de a ratos más placentero que el “real”. El mundo se extiende, inadmisiblemente, hacia distintos puntos, hacia diversos polos, cada vez es más supremo.
De alguna forma, Bougnoux deja de manifiesto lo poco que significa lo que tenemos a nuestro alrededor, lo insignificante que se vuelve lo hecho, ante la mera posibilidad de hacer mucho mucho más, y mucho mejor, y hace cierto que “al desdoblar el mundo, la semiología agudiza nuestro espíritu crítico. Y esto ocurre porque el hombre necesita, prescinde requiere de los símbolos para mediar con la dura realidad. “La semiosfera es como un dique que se opone a la brutalidad de las cosas, cuanto más vivimos entre signos, menos nos muerden las cosas.” agrega.
Pero, ¿qué es un signo? El teórico, desarrolla sobre su definición clásica, “una cosa puesta en el lugar de otra cosa”, quid pro quo, el que para Saussare vinculaba un significante y un significado, en su dualidad inmanente, inseparables uno del otro “como el verso y el reverso de una hoja de papel.” Fue Hjelmslev quien propuso el significante como plano de la expresión y el significado como plano del contenido. Agranda Bougnoux, con otro punto de vista “lo interesante del enfoque de Pierce es que lejos de ser emitido por una persona, el signo puede emanar de cualquier cosa.” Con respecto a ello, agrega que “el esquema saussuriano postulaba un emisor y un destinatario, en Pierce vamos de signo en signo, puesto que todo “objeto” puede ser un signo para otro objeto. La cadena permanece abierta.” Con ello, la semiosis infinita, con ello, lo que agrega que los signos se articulan lejos de las cosas y sin ellas.
Siempre son líneas las que erigen los contornos, de palabras, de imágenes que no dejan de ser más que expresión de lo que somos, hablantes. Escribientes. Mirantes. Y de lo que hacemos para ser y formar parte de este mundo, simbólico y signado, por todas partes. Incluso, como diría Artaud, “hay signos en el pensamiento”. Estamos, ante, con, en, llenos de ellos, siempre signos.
Hilando más conceptos, fue Pierce quien distinguió tres maneras de significación: el índice, el ícono y el símbolo. A partir de ello, se puede ver la relación entre lo icónico y lo lingüístico. “El ícono es un signo arrancado de la cosa, (…) o realmente afectado por ella; el índice es el signo que vincula el signo con la cosa y a los sujetos ente sí, y de hecho nuestras relaciones, (…) éstas están amortiguadas por índices, que es lo que se muestra, se expresa o actúa según la modalidad de la presencia real: no representa la cosa o el fenómeno, lo manifiesta de manera directa y prolija. (…) El ícono (la imagen en general) lleva a cabo un primer distanciamiento. La relación de una imagen con lo que representa se realiza todavía por semejanza o en la continuidad de una analogía en sentido amplio. Los símbolos se estructuran por exclusión y se basan en una secreta negatividad.” Se ve, entonces, cómo lo “legible doblega a lo visible” y que no sólo con signos lingüísticos, codifica el hombre, aunque haya sido en la tradición logocéntrica (desde Platón hasta Lacan) donde era el logos (lenguaje, cálculo, razón) la garantía del acceso a todo conocimiento, siendo la imagen solo “una grado intermedio, una tentación sensible, estadía en la caverna o regresión”.

De respuesta en respuesta
En “Más allá de la analogía, la imagen” ; el texto escrito por Christian Metz en una especie de antología académica, titulada “Análisis de las imágenes”, junto a Eco, Durand, Morin y otros tantos, hay un planteo de este opositor a la deriva estructuralista, que imprime cierta polémica, con respecto a los análisis anteriores.
Según él, “cuando la reflexión semiológica toma como objeto a la imagen, en un primer momento se encuentra forzosamente llevada a acentuar aquello que distingue del modo más manifiesto esa imagen de las demás clases de significantes y, en particular, de la secuencia de palabras (o morfemas): su status “analógico” -su “iconicidad”, dirían los semióticos americanos-, su semejanza perceptiva global con el objeto representado. La imagen de un gato se asemeja a un gato, mientras que el segmento fónico /gato/ (o el segmento escrito “gato” no se le asemeja.” Por supuesto, tiene en cuenta a ciertas imágenes “no figurativas” que no reflejan esa objeción, esa obviedad de la mimesis con la realidad. Y que abren la puerta a múltiples interpretaciones lo cual se relaciona, más que nada, con los niveles de connotación que propone Barthes .
Antepone a su postura, la de intelectuales anteriores que impulsaron a “establecer entre en lenguaje de las imágenes y en lenguaje de las palabras, una infranqueable línea de demarcación cuyo trazado dejaría sin ubicación a las formas intermedias, así como a las inclusiones recíprocas”. Es decir, la imagen por un lado, la palabra por otro. El lenguaje de las líneas, opuesto al lenguaje de las letras (al cabo, son todos trazos, extensiones creadas por un mismo autor). Dos sistemas autónomos, independientes. De esta forma, prosigue, se corre el riesgo de llegar a establecer, entre ambos, una especie de mitológico, melodramático, melancólico “antagonismo”, con intereses opuestos. Cada uno con sus roles, cada uno con sus respectivos status, retoma Metz la postura de sus adversos, “la imagen se convierte propiamente en una apuesta que tiende a jugar contra la palabra”.
Con precisión, con certeza, sentencia: “En verdad no tiene sentido alguno estar “en contra” o a favor de la lengua, “por” o en contra de la imagen. Nuestro intento procede de la convicción de que la semiología de la imagen se hará al lado de los objetos lingüísticos.”
Eliseo Verón , cita a Metz, que en el número 15 de Communications ya precisaba que la imagen no es un imperio autónomo y encerrado en sí mismo, “un mundo sin comunicación con aquello que lo rodea”, no puede evitar caer en los juegos de sentido, no puede no significar y su significado, no puede no expresarse, sino a través de palabras, de nuevos signos. Se ve de hecho, “la semiología de la imagen no puede desarrollarse sino dentro de una semiología general.”

Sobre códigos
Metz refuerza su postura “lo analógico y lo codificado no se oponen de modo simple. (..)Lo analógico es un modo de transferir códigos.”
Cuando se habla de código, se remite al padre de la lingüística estructuralista, de “un modelo construido a través de las operaciones simplificadoras que permiten unificar fenómenos diversos desde un mismo punto de vista”, según Humberto Eco. Se habla, otra vez, de lengua, un tesoro depositado virtualmente en el cerebro, “en el cerebro de un conjunto de individuos, en una misma comunidad, completo en la masa, más o menos completo en cada individuo” Porque, si se hace referencia a signos lingüísticos o visuales, a morfemas o imágenes, estamos siempre hablando de productos sociales.
En “Curso de Lingüística General” , propone “la lengua es un objeto bien definido en el conjunto heteróclito de los hechos de lenguaje. Se la puede localizar en la porción determinada del circuito en que una imagen auditiva viene asociarse a un concepto”. La relación, entre ambos sistemas, tiene cierto antecedente, en los antecedentes mismos de la historia lingüística. “La lengua es el depósito de las imágenes acústicas y la escritura la forma tangible de esas imágenes” Y allí, hay un hálito de la postura de Metz. Y de alguna forma, responde cómo ambos sistemas de codificación van “juntos a la par”; se articulan, relacionan y siguen ampliando el campo semiótico, y conceptual. Posteriormente, nuevos conceptos, nuevas ideas, partirían de sus mascullaos iniciales y establecerían múltiples, variadas y riquísimas teorías.
Incluso, esto mismo, será cuestionado, como cada teoría. Y dirá Verón “ya no se trata de afirmar que es necesario conocer los códigos (…), es necesario partir de lo mensajes (…) que se construyen progresivamente, en el seno de la historia y de la sociedad, conjuntos de reglas de producción y de reconocimiento que ya no pueden llamarse códigos.”
Imágenes y palabras, no podrían existir una sin la otra. Las imágenes “cobran vida” en el momento en el que son verbalizadas, “empalabradas” indicaría Chillón, recubiertas por signos dobles, cuya arbitrariedad es la más potente característica. Como si fuese poco, el mismo Verón subraya la postura de Jean Claude Passeron, que asegura que el contenido casi asertivo de toda imagen no estriba en la imagen misma, (…) sino en la mirada de quien observa la imagen y se confunde con el acto de interpretación que debe producir el observador al recibir la imagen para hacerla funcionar como tal”. Además del acto mismo de percibir lo “denotado”, surge lo “connotado”. El definir la imagen, es el nivel perceptivo, de los que describió Barthes en su iniciático “Retórica de la imagen” . Le seguirán, el cognitivo y el ideológico, y en todo, como en cada producto discursivo, imágenes y palabras, son parte del juego –y desafío- de significación y se suscitan unas a otras, se integran, se transforman, se complementan, irreversiblemente.
Aunque, al fin y al cabo, de todos modos, hoy con propuestas a cuanti parti, o en “la galaxia Gutemberg” o “cuando las imágenes del Vía Crusis, eran la Biblia de los pobres”, “las propiedades “semiológicas de los discursos carece de interés en sí mismas: sólo son el producto de la semiosis sociocultural”.

Aplicación
El presente trabajo, tuvo como objetivo fundamental, analizar la imbricada relación entre palabra e imagen, retomando conceptos a favor y en contra de ello. Lo que ocurre en la actualidad, fue planteado al inicio mismo, porque fue precisamente, la fuente de la investigación teórica.
La presentación, al post grado “Cultura, medios e imágenes”, desarrollado en FLACSO, antepone que “Vivimos en una época en la que, al parecer, todo podría llegar a ser visto, mostrado, exhibido, lo que estaría dando cuenta del predominio de lo visual por sobre otros registros de la experiencia humana.” Quien diera la clase inaugural, la intelectual Betriz Sarlo, retomó a Rohmer que expone que la imagen no dice todo. A lo que responde, la argentina “las imágenes hoy son ciertos discursos fuertemente codificados y con un fuerte requerimiento tecnológico para producirlas, y con cierta destreza para mirarlas”. Y todo lo dicho por anteriores teóricos, hace hincapié aquí mismo.
Es cierto que quizás las imágenes, no lo digan todo o que como es evidente, muestran, revelan y hablan, pero no todos oyen con la misma intensidad, la misma pasión o devoción, no todos pueden descifrar, su verdadero mensaje, sus intenciones vedadas tras el posible fetichismo que reviste. Es ahí, donde entra en circulación la palabra que le da voz, vida, acción, a cada imagen, que por sí sola, solo sería eso, una mimesis de la realidad o un mensaje con fuerte carga subjetiva sin ponerse en escena.
De manera indiferente, no solo la semiosis es infinita, sino la simbiosis entre la palabra y la imagen. Un caso particular, puede demostrarlo.
Vi.sualize.us es una página, un depósito, un marcador social, “social bookmarking”, que permite que un número indefinido de personas, cuelguen un número indefinido de imágenes, evitando sobrecargar la memoria de la propia PC, y permitiendo que muchos mas las disfruten. Brinda la posibilidad de que empresas, “caminantes a pie”, fotógrafos, dibujantes, aficionados o internautas, organicen en la web sus imágenes predilectas, bajo etiquetas o “tags”. Estas son especie de patrones, que hacen a la unidad de cada grupo “visual”, a su comunidad, las hacen pertenecer a tal o cual entidad o prototipo. Le dan identidad. Así, la palabra aúna, congrega, unifica, simplifica el desorden, instaura tipos ideales, en la cantidad y calidad inimaginable de imágenes, infinita como la semiosis misma que supone.

La variedad de las mismas, en enorme: action, america, babes, beach, beauty, belly, color, female, femme, fun, funny, girl, motion, ocean, pacific, photo, photography, photoshop, playa, playing, sea, seascape, sexy, sport, strand, summer, tan, tanned, usa, waves, woman, women, young. illustration. alphabet, cover, day, days, design, experimental, face, happy, inform, language, letters, mouth, music, mute, pieces, puzzle, representation, say, sequence, sound, spell, tell, title, visual, word. Entre tantísimas más. Reúnen una cantidad asombrosa de “pictures”, cada una de todas ellas. Por ejemplo, 23633 fotografías, bajo ese titulo, están cargadas allí. Y cada uno, puede subir la que quiere, porque quiere, porque puede, para mostrar y mostrarse, porque también admite la conexión y vínculo con las páginas propias en la web. La relación entre imagen y palabra es inminente. Millones de las primeras, aparecen clasificadas, de acuerdo a normas no tan arbitrarias, y allí reside la lógica del sistema, en poder “reunir”, bajo una misma etiqueta, a las que comparten ciertos aspectos. Lo lingüístico ordena y clasifica la inmensidad icónica.
Una etiqueta-palabra muestra muchas, demasiadas imágenes, sub etiquetadas, a su vez, que llevan a otras etiquetas-palabras, y a otras muchas imágenes. Cada imagen, implica una conexión a otras, a otras palabras y a otras imágenes. Y así, la cadena semiótica, es infinita, interminable, y a su vez, atrapante. Porque el dinamismo de la página, su organización, el modo en que articula los conceptos y hace ver que puede estar organizado el universo, la hacen singular, digna de estudios de cualquier tipo. Y aparece lo que se nombraba al inicio de la monografía. Convergencia, articulación, conexión, entre la palabra y la imagen, en un soporte en permanente cambio, con cada vez más implicancia en la vida social: Internet.


La página se vale de herramientas tecnológicas, por supuesto, y es un reservorio de imágenes, es también, lengua, porque es también un tesoro virtual. Y congrega a lo visual, y a lo icónico, para producir significados, sentidos infinitos, y para que todos sus usuarios, lo hagan. Los usuarios -creadores ante que productores y consumidores-, que en este caso, también, esta vez, son infinitos.









Bibliografía
 Barthes, Roland. “Retórica de la Imagen”; en “La semiología”, Editorial Tiempo Contemporáneo.
 Benveniste, Emile. “De la subjetividad en el lenguaje”, en Problemas de lingüística general. Tomo I y II, México, Paidós., 1977
 Bougnoux, Daniel. “Significar” en Introducción a las Ciencias de la Comunicación, Buenos Aires, Nueva Visión, 1999.
 De Saussare, Ferdinand. “Objeto de la lingüística” y “Naturaleza del signo lingüístico” en “Curso de Lingüística General”(1915); publicado por Charles Bally y Alert Sechehaye. 1994, Madrid, Planeta.
 Metz, Christian. “Más allá de la analogía, la imagen” en “Análisis de las imágenes”, Buenos Aires, Editorial Tiempo Contemporáneo.
 Verón, Eliseo. “De la imagen semiológica a las discursividades”, en” Espacios públicos en imágenes”, por Isabelle Veyrant-Masson y Daniel Dayan (comps), 1997, Barcelona, Gedisa

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